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Alergias alimentarias, ¿una epidemia?

Las alergias alimentarias son un tema creciente de preocupación en el campo de la nutrición y la salud pública. En los últimos años, ha habido un aumento significativo en la prevalencia de alergias alimentarias, particularmente en los países desarrollados. Este fenómeno ha generado un debate considerable entre profesionales de la salud y científicos sobre las causas subyacentes y las mejores prácticas para su diagnóstico y manejo.

¿Qué son las alergias alimentarias?

Las alergias alimentarias son reacciones adversas del sistema inmunológico a ciertos alimentos que, en individuos sensibles, pueden provocar desde síntomas leves como urticaria hasta reacciones severas y potencialmente mortales como la anafilaxia. Los alimentos más comúnmente asociados con alergias incluyen los cacahuetes (o maní), los frutos secos, el marisco (ej. Camarones), los huevos, la leche, el trigo y la soja. Desde una perspectiva nutricional, las alergias alimentarias plantean un desafío significativo. Las restricciones dietéticas necesarias para evitar los alérgenos pueden resultar en deficiencias nutricionales si no se manejan adecuadamente.

Alergias alimentarias versus Intolerancias alimentarias

Es importante diferenciar entre alergias alimentarias e intolerancias alimentarias, ya que a menudo se confunden. Las alergias alimentarias involucran una respuesta inmunológica, generalmente mediada por IgE, que puede desencadenar reacciones inmediatas y graves. Por otro lado, las intolerancias alimentarias no involucran el sistema inmunológico y suelen estar relacionadas con la incapacidad del cuerpo para digerir o metabolizar ciertos alimentos, lo que puede provocar síntomas digestivos incómodos pero no mortales.

El rol del alergólogo

El diagnóstico y manejo de las alergias alimentarias a menudo requieren la intervención de un alergólogo. Estos especialistas utilizan una variedad de métodos para diagnosticar alergias, incluyendo pruebas cutáneas (prick test), pruebas de sangre para medir los niveles de inmunoglobulina E (IgE) específica y, en algunos casos, pruebas de provocación oral bajo supervisión médica. El alergólogo también desempeña un papel crucial en la educación del paciente y en la elaboración de un plan de manejo que incluye evitar los alérgenos y saber cómo manejar las reacciones alérgicas.

Controversias en la evaluación de IgM en sangre

Un tema de debate en la comunidad científica es el uso de la evaluación de inmunoglobulina M (IgM) en sangre para el diagnóstico de alergias alimentarias. Mientras que la IgE es ampliamente reconocida y utilizada como un marcador para las alergias mediadas por el sistema inmunológico, el papel de la IgM es mucho más controvertido. Algunos estudios sugieren que los niveles elevados de IgM pueden estar asociados con ciertas sensibilidades alimentarias, pero la evidencia no es concluyente y muchos expertos argumentan que la IgM no debe ser utilizada como una herramienta diagnóstica fiable para las alergias alimentarias.

¿Una epidemia en aumento?

La aparente epidemia de alergias alimentarias ha llevado a muchas teorías sobre sus causas, incluyendo cambios en la dieta, el aumento del uso de productos químicos en los alimentos, y la hipótesis de la higiene, que sugiere que la reducción de la exposición a infecciones en la infancia puede predisponer a las personas a desarrollar alergias. Sin embargo, también existe la posibilidad de que el aumento en los diagnósticos se deba en parte a la realización de pruebas inadecuadas que no resuelven el problema causante y motivan a dietas muy restrictivas y poco nutritivas.

La colaboración entre el nutriólogo, alergólogo y otros profesionales de la salud es esencial para manejar este problema de manera efectiva y segura. Es importante continuar investigando para aclarar las controversias actuales y mejorar las estrategias de diagnóstico y tratamiento.

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